Glassetes, glacilles o toiles

Las glasillas o toiles son la esencia de una pieza de indumentaria: marcan la forma y el corte. Normalmente se hacen en algodón crudo, y tienen anotaciones básicas para la realización de la pieza definitiva. Las primeras clientas de glasillas o toiles francesas fueron las casas de alta costura de otros lugares, como era el caso de las de Barcelona o Madrid, que a la vez las rehacían para volver a venderlas a las modistas, junto con patrones de modelos propios. No obstante, hubo también modistas importantes que fueron aceptadas en los desfiles de París, previo pago de una cantidad muy alta que les daba acceso a un patrón o glasilla, que después se intercambiaban con modistas de otras localidades, a menudo muy alejadas para no repetir el modelo. Desde París también salían glasillas y patrones no autorizados, fruto del espionaje industrial, que tenían un precio mucho más bajo que los originales.

En un taller de modista, las glasillas eran una herramienta muy importante porque constituían el punto de partida para hacer un vestido. En muchos casos, cuando no se trataba de una toile comprada o copiada, se hacían también como un paso previo al corte del tejido de un vestido y servían para hacer una primera prueba. Los tejidos buenos eran muy caros y la glasilla servía para ajustar e incluso probar una forma. Una vez hecha la pieza definitiva, las glasillas también servían como archivo para utilizar o interpretar en futuras realizaciones, dado que contenían muchas ideas básicas, variadas y combinables.